Ahora que cumplo 35

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A pocos días de cumplir 35, edad temida por algunas o condicionadas para temerle, me encuentro más reflexiva que de costumbre y no tanto porque me aterre esa edad – de hecho, amo cumplir años- sino porque es para mí el momento de cerrar capítulos de mi vida, para dar inicio a una nueva etapa. Y es que los 35 me resultan particularmente interesantes porque, de acuerdo con algunas culturas, cada siete años cerramos un ciclo y cumplimos con una etapa representativa en nuestra evolución. Es decir, que estoy a punto de iniciar mi sexto ciclo, el cual iría de los 35 a 41 años.

Por eso ando cuestionando qué hice en los cinco ciclos anteriores y mejor aún qué aprendí en cada uno de ellos. Y dejando de lado a mi yo juzgona, auto saboteadora, perfeccionista e insegura, podría decir que aprendí muchas cosas y viví muchos momentos que me han dejado mucha satisfacción y la sensación de estar viva, pero que aún me falta muchísimo por aprender y vivir (eso espero). Es increíble cómo con el pasar de los años sentimos que aún falta mucho por hacer y por vivir, que la vida es un regalo como dicen las mamás y que el número que indica nuestra edad pasa a ser insignificante frente a cada momento, cada experiencia y a la sensación de estar vivos y vivir de verdad. También, uno comienza a sentirse más joven que cuando estaba más joven, lo digo porque a los 25 ya me sentía una anciana “quedada” y fue al cumplir los 30 cuando me llené de vitalidad y hasta comencé a lucir más joven que a los veintitantos. Pero también me hago más consciente y creo que perder a una de mis mejores amigas con apenas 33 años y esta pandemia han influido en ello, es en que hay una línea de meta que tendremos que cruzar tarde o temprano y debemos aceptarla tal como aceptamos la vida.

Recuerdo que además de sentirme vieja, me sentía tan gorda e inadecuada y ahora veo las fotos de esa época y digo ¡vaya estupidez! Si ni era vieja ni gorda, era la sociedad gordofóbica que trata de anularnos como mujeres y hacernos sentir inadecuadas sea como sea la que sugería lo contrario. Ahora he entendido que con 57 o con 80 kilos, con 15, 27, 34 u 80 años soy valiosa y hermosa. Y si bien no puedo decir que ya estoy “realizada”, que me casé con el príncipe azul, que tengo hijos y etc; puedo decir que he conseguido cosas que resultan tan valiosas e importantes para mí y que son herramientas para este ciclo que comienza: me he aprendido a conocer y a tener una relación conmigo misma que con el pasar de los años se hace más sólida y honesta. Y al fin de cuentas y por más clichesudo que suene, esa es la relación más larga e importante que podamos tener y además durará toda la vida.

Construyendo esta relación he pasado por todas las crisis y reproches hacia mí y hacia mi vida que he podido tener. Por ser muy flaca, por estar muy gorda, por mi familia, por las estrías, porque la nalga no apareció, porque me río mucho, porque no me río, por salir mucho, por encerrarme mucho, por llorar por tantos prospectos, por la soltería eterna, por la cita desastrosa, por dejar ir tantas oportunidades. Y por tener o no tener (inserte aquí cualquier cosa material laboral, sentimental…). De este conflicto diario conmigo solo ha quedado una carga fortísima de dolor, fuga de energía y un trabajo personal gigante por hacer que va desde el perdón hasta la aceptación y el sentimiento de merecimiento. Porque, de nuevo con el cliché, si uno no se quiere, ¿quién lo va a querer?

Y si algo imagino con mis 35 años es ser esa mujer fuerte, resiliente y confiada en sí misma por la que mis 34 yo anteriores han trabajado. Así que previo a mi cumple y en esta luna menguante, aprovecho para soltar ese exceso de equipaje que no necesito y pedirme perdón por las veces que no me valoré y que me juzgué tan duro. Por las veces que cedí mi poder personal y me abandoné. Y también agradezco por todas las experiencias vividas, las buenas y no tan buenas, porque ya no es momento de vivir del “si hubiera”. Mi yo de 35 no acepta eso, ni le interesa seguir rumiando en el pasado. Lo vivido fue lo que tenía que vivir y es el combustible que me va a llevar lejos a mí y a mi equipaje de autoaceptación, autoresponsabilidad, confianza en mí misma y autorrealización, pero la autorealización que yo deseo no la que los demás consideran es o debe ser.

Hoy le deseo a mi yo de 35 un viaje lleno de mucho amor propio y disfrute y ¡que comience la aventura!

Alexa GT

Alexa GT  participó en el taller de escritura terapéutica de mayo. Investigadora social, inquieta espiritual, feminista (sin miedo de decirlo), amante de la danza, los libros, los michis y también los perritos. Buscadora de mi camino y de nuevas pasiones en la vida.  

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