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Querido Amigo

Esta es quizás la carta más difícil de todas las muchas que he escrito en mi vida, porque aún estoy en la etapa de negación y me resisto a creer que te hayas ido. Si bien tu energía, buena actitud e ilimitado sentido del humor eran tus mejores armas para combatir al cáncer, tu cuerpo ya estaba cansado de padecer y ayer nos dijiste adiós.

Con lágrimas en mi rostro y en mi corazón quiero despedirte de la mejor forma que puedo hacerlo y es escribiéndote algo, así podré inmortalizar tu recuerdo y esos mágicos momentos que juntos compartimos desde épocas universitarias. Tu amistad siempre la guardaré como una de mis más valiosas joyas.

Aunque ahora lloro quiero esforzarme y plasmar estas letras desde la alegría, porque tuviste una gran vida y solo te mereces ser recordado con total gozo. Así que cierro mis ojos y te veo cantado conmigo a grito herido el popurrí de Selena, también saco cuentas de las tortas de chocolate que nos comimos en estas dos décadas y  la cantidad de memes que salieron de nuestras conversaciones, porque como nos decían los amigos, nosotros solo hablamos puras pendejadas… y eso nos encantaba. Conversar contigo era la certeza de sacarle el chiste a la situación más dura. Hoy es difícil reír, más intentaré hacerlo porque sé que así lo habrías querido.

Te conocí hace más de veinte años, en la época  en donde todavía no era muy común el email, no habían celulares inteligentes, no existía el whatsapp y apenas empezaba my space, así que nos escribíamos carticas, tesoros que aún conservo en una lonchera de la mujer maravilla, porque llevan un poco de ti, porque tienen tu letra bonita y unas calcomanías de colores, esos detalles de fina coquetería que sabias ponerle a todo lo que tocabas. Eras como un rey Midas que convertías la vida en momentos dulces, lo cual era más valioso que cualquier oro.

Juntos estuvimos en el grupo de teatro de la universidad, contigo probé mis primeras cervezas, nos apoyamos en nuestras primeras tusas, la tuya un amor que provenía del eje cafetero y la mía el primer gamín que intenté rehabilitar.  Me conociste con el cabello hasta la cintura y luego calva, yo te conocí medio flaco y luego gordo, también rumbeamos en un carnaval de Barranquilla en donde me robaron mi dinero y perdí mi pinza para el cabello, así que andaba pobre y despelucá.

Te conocí como publicista y empresario, siempre admirada por tu creatividad y empatía, tus clientes te amaban porque fuiste un gran profesional.  Te conocí por tu larga lista de libros leídos, idiomas hablados y países visitados, los sellos en tu pasaporte fueron la prueba fehaciente de que viviste la vida con intensidad, como deberían hacerlo todas las personas que vienen a este mundo. Te conocí como amigo incondicional porque estuviste para mí y yo estuve para ti, viví en otras ciudades y allá me fuiste a visitar, allá siempre recibí tus cartas o una llamada telefónica en el momento justo.

Y cuando nuevamente me radiqué en Bogotá, no había semana en la que no habláramos, porque era necesaria y refrescante la conversada contigo, cuando ambos decidimos emprender nuevos proyectos, nos apoyamos mutuamente y éramos los soñadores más alegres que imaginábamos el día en que contaríamos nuestras anécdotas pero desde un yate en Mónaco. En ese momento no sabíamos lo afortunados que éramos, con yate o sin yate, estábamos juntos.

Otra de las cosas bonitas que me embarga de felicidad es que pudiste encontrar ese gran amor con el que muchas personas sueñan, fui testigo de la pedida de mano con serenata incluida y luego estuve en tu matrimonio, sé que fuiste muy feliz con Alex, un gran ser humano a quien también considero mi familia, y que también fue tu apoyo en los momentos más difíciles de tu enfermedad, a él también le doy las gracias por su amor absoluto y por cuidarte como nadie más lo hizo, y si pudiste acompañarnos unos meses más, fue en parte por sus cuidados.

También doy gracias a tu padres y hermanos, seres maravillosos que hicieron que fueras ese hombre a quien todos querían, y que también estuvieron a tu lado llenándote de cariño.

Sé que estabas emocionado por el lanzamiento de mi libro, tu mamá me contó que me querías comprar un ramo de flores y que repetías una y otra vez desde la clínica, que tenías que ponerte bien porque me habías prometido estar ese día.  Pues te cuento que el lanzamiento del libro se pospuso y creo que fue lo mejor, porque hoy mi alegría no habría sido completa al saber que te había perdido, pero quiero que sepas que mi libro irá dedicado a ti, porque fuiste de las personas que siempre creyó en mi proyecto y me recordaste el camino, cuando me llegué a sentir perdida.

Ayer tuve la oportunidad de verte por última vez y de comprobar lo frágil de nuestra existencia humana, pude tomar tu mano, recitar unos mantras y despedirme de ti. Un doloroso momento pero necesario porque así no me escucharas precisaba decirte lo mucho que significas para mí y que ahora te podías ir tranquilo y en paz, libre de dolor.

Amigo, ayer te fuiste en el mismo vuelo de Chewbacca… ¡qué buena compañía! y no me alcanzo  a imaginar las conversaciones tan entretenidas que tuvieron mientras llegaban a su destino.

Te imagino con tus gafas psicodélicas y camisa de cuadros, en el paraíso de los dulces un lugar colorido y mágico, con hadas y unicornios, repleto de árboles muy grandes que en vez de frutas cuelgan caramelos, helados y tortas de tus sabores favoritos, o sea de chocolate. En el lugar en el que estás ahora no necesitas piernas porque tienes unas alas muy grandes, tan grandes como el corazón que tuviste en vida.

Amigo del alma, te deseo un buen viaje y algún día nos volveremos a ver para seguir hablando nuestras pendejadas.

Dedicado a Edu y a todas las personas que valientemente lucharon contra el cáncer y que hoy no están.

Valeria DeBotas

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