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“Mujeres, ustedes no son el centro de rehabilitación de hombres que han sido criados erróneamente. No es su trabajo arreglarlos, cambiarlos o criarlos. Ustedes quieren un compañero de vida, no un proyecto de labor social”

Julia Roberts.


¿Te atraen los tipos narcisos, conflictivos, inestables o distantes?

¿En tus relaciones sueles hacerte cargo e intentas resolver los problemas del otro?

¿Justificas los comportamientos del tipo y crees que tu amor lo ayudará a cambiar?

Si respondiste afirmativamente a alguna de estas preguntas, entonces eres una rehabilitadora de gamines…

Por fortuna, para algunas de nosotras esto hace parte del pasado, como un capítulo escabroso de las historias sentimentales de la fase de inmadurez en la que nos encantaban los chicos malos y su respectiva adrenalina, y de la que ahora nos reímos cuando conversamos con las amigas “¿te acuerdas cuando salía con fulanito? JAJAJAJA”. No obstante, para otras mujeres esto deja de ser gracioso, anecdótico o un recuerdo de juventud y se convierte en una constante en sus relaciones de pareja.


¿Y esto a que se debe?

Pues hay diversidad de factores de nuestro entorno que marcan ciertas tendencias y nos llevan a construir determinados patrones de elección y por eso buscamos una pareja con X o Y característica.

La infancia

Nuestros padres y madres se convierten en las primeras referencias, así que influyen las dinámicas que estos hayan tenido en su relación, por tanto podemos repetir lo que hacían o por el contrario rechazarlos e irnos al extremo opuesto.

En el caso que haya heridas de infancia sin sanar, como situaciones de abandono, traiciones o ausencias, estas pueden influir en los comportamientos futuros, si nos faltó sentirnos queridas o protegidas, inconscientemente buscaremos hombres a quien curar como una forma de demostrarle a los fantasmas del pasado que sí somos dignas del amor y reconocimiento que nos faltó.

Cuando se crece en un ambiente inestable en donde primó el drama y el conflicto, y la chica se vio obligada a hacerse cargo de responsabilidades que no le correspondían, lo usual es que en su adultez busque defenderse y tener el control de las situaciones y las personas, por ende en sus relaciones adoptará el papel de cuidadora o salvadora y se echará al hombro el trabajo de cambiar a la pareja con el objetivo de minimizar riesgos y evitar repetir sufrimientos.

Nuestra cultura

Desde hace tiempo se han fomentado modelos patriarcales acerca de lo que las mujeres debemos ser, así que mientras el hombre se ha encargado del ámbito público, nosotras llevamos a cuestas el peso de las relaciones afectivas porque esto es cosas de viejas, o sea que lo privado y lo doméstico son nuestro terreno.

Una de las premisas que más nos ha fregado la vida es la del amor sacrificado e incondicional, asignándonos el papel de mártir que todo lo soporta y que tiene una gran capacidad de aguante. Para darnos cuenta de esto solo hay que irnos atrás y ver las historias de nuestras abuelas y mamás.

Nos enseñaron que una de nuestras mayores realizaciones es cuidar de otros, vivir en pareja y formar una familia, se alimenta esa idea de que el hombre es una especie de proyecto, como el de remodelar la cocina o aprender crochet y que nuestra misión es pulir a ese diamante en bruto.


Amor propio

Hay una frase que dice: “aceptamos el amor que creemos merecer”, por eso cuando a una fémina le atraen esta clase de galanes nefastos es porque en el fondo ella piensa que así es, aunque no sea consciente de ello. Como cuando preferimos tener una relación difícil para no estar solas, cuando no ponemos límites o cuando las relaciones se convierten en un campo de batalla.

Y al final no se trata del gamín de turno, se trata de nuestras elecciones y de la poca confianza que nos tenemos, lo que nos lleva a poner nuestras expectativas en alguien que jamás va a cumplirlas. Fantaseamos con el tipo que nos elegirá por encima del resto y que cambiará por nosotras, porque eso nos hará sentir especiales.


¿Cómo dejar de rehabilitar gamines?

-Es un proceso complejo y la solución no vendrá de un día para otro, hay que ahondar en el pasado y buscar la carencia afectiva que nos lleva a escoger el mismo tipo de pareja y resiente una herida que no ha cicatrizado.

-Enfrentarse al dolor desde la consciencia y no desde el papel de víctima es la clave para sacar, soltar y luego sanar, lo que te permitirá construir una mejor relación contigo misma.

-Detecta cuales son las creencias que en algún momento te sirvieron para ser fuerte pero que ahora te limitan y ya es tiempo de dejar.

-La mayor garantía para que tus relaciones de pareja sean amores bonitos es cultivando tu autoestima, no puedes exigir a la gente aquello que no tienes.

– Hay que pasar a la acción, y más allá de decir “voy a dejar a fulano” debes trabajar la fuerza de voluntad y con hechos concretos buscar un cambio de actitudes y hábitos.

-Comprende que cada persona está viviendo su propio proceso y por ende no puedes obligarla a ser lo que quieres que sea. Cada quien da lo que tiene y a veces hay gente que tiene muy poquito para dar.

-Acepta que no tienes el poder para controlar todo lo que sucede, lo que hagan o dejen de hacer no es tu responsabilidad, pero si puedes controlar la manera en como reaccionas siendo la dueña de tus pensamientos, emociones, palabras y actos.

-Hay toda clase de tipos en el mundo, buenos, regulares, malos y perversos, sin embargo, depende de ti elegir estar con uno u otro.  Pregúntate que estás irradiando y porqué atraes a ciertos sujetos.

-Está bien ayudar o apoyar a tu pareja, mas no se trata de solucionarle la vida o intentar convertirlo en alguien distinto, tú no eres su madre ni él es un niño, déjalo ser independiente y dale espacio.

Hazte cargo de tus asuntos sin resolver. Toda esa energía que pones en salvar o rescatar a otro, redirígela a ti, porque una mujer rehabilitadora de gamines claramente necesita rehabilitarse.


Valeria De La Espriella

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