¿Cómo influye nuestra autoestima en las relaciones románticas?

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Shakira lo dijo en su canción inevitable: “Siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos empezar por uno mismo” porque en muchas ocasiones por no decir en casi todas, las respuestas no están afuera sino al interior de cada una.

Y por esta razón, las relaciones afectivas no son más que un reflejo de nuestras experiencias, creencias y por supuesto del grado de autoestima. Existen muchas definiciones de esta palabra y por lo general es confundida con la aprobación de la apariencia física, cuando esto es solo una de las tantas aristas que la componen, porque va más allá de mirarnos al espejo y aceptar los gorditos que se salen del pantalón.

La autoestima es la valoración que cada persona hace de sí misma y la capacidad de reconocer el potencial que tiene para construir su felicidad, alcanzar metas y enfrentar los desafíos del camino. Esta incluye el autoconocimiento, el autoconcepto, la autoconfianza, la autoafirmación, el autocuidado, la autoresponsabilidad, la autorrealización, entre otros pilares que yo denomino: los autos que te llevan a un lugar mejor.

Desafortunadamente nos olvidamos de fortalecerla y nos acordamos cuando ya es demasiado tarde y el corazón está hecho puré. Porque la autoestima influye en TODO, léase bien, TODO. Así que permea nuestra forma de actuar y las decisiones que tomamos.

Entonces ¿Cómo se ve reflejada en los encuentros románticos?

Habilidades sociales y capacidad de seducción: Desde los temas de conversación, la postura y expresión corporal, los gestos, la mirada, la sonrisa, la presentación personal, todos esos elementos de la comunicación verbal y no verbal dicen mucho de alguien, que tan segura es y su facilidad para acercarse a los demás. ¿Les ha pasado que conocen gente fascinante que no es precisamente la más agraciada? Esto es pura autoconfianza y actitud, ya que no se trata de poseer muchos o pocos encantos sino de saber usar lo que se tiene.

Elección de la pareja: Nuestro inconsciente hace todo el trabajo por nosotras, desde fijarnos en personas que nos rechazarán, comprometidas, inalcanzables o que no nos convienen. Escogemos parejas que reafirmarán nuestros mayores temores. O si creemos que somos demasiado complicadas y que por esto es difícil que cualquiera nos ame, entonces sin darnos cuenta alejaremos a la gente. El autosabotaje saldrá a la superficie para recordarnos los asuntos propios sin resolver.

Comunicación y resolución de conflictos: Si callamos y toleramos determinadas situaciones para evitar un altercado, o si por el contrario armamos escándalo por todo y siempre estamos a la defensiva, les informo que ambas son diferentes caras de una baja autoestima. Cuando no sabemos querer bonito, será más complejo expresar sentimientos y opiniones de forma asertiva, escuchar o ponerse en los zapatos de otros. Se trata de encontrar el balance, sin agredir pero tampoco someterse.

Establecer límites: Va desde aprender a decir “NO”, hasta tener un mundo y actividades propias. No es una buena señal si la relación nos absorbe, nos diluimos en ella o decidimos convertirnos en algo que no somos para ser aceptadas porque suponemos que así nos querrán más. Nada ni nadie debe cruzar la línea de nuestra dignidad, ni hay porque renunciar a ser autónomas y mucho menos permitir que nos hagan sentir menos.

Los celos insanos: Si no confiamos en nuestro valor será complicado confiar en los demás, por tanto nuestras inseguridades inevitablemente se reflejarán en la forma como interactuamos con la pareja, porque pretenderemos controlarla y acapararla, veremos rivales en cada esquina y entraremos en pánico cuando el objeto del afecto no nos preste la atención que nuestra niña herida demanda.

Recuperarse de una tusa: Si una mujer es dependiente y su relación amorosa es el centro de su existir, lo más probable es que cuando esta se acabe se sentirá desolada y sin piso. Obvio que a todas nos va a doler una ruptura porque no somos de hierro, pero si se tiene una autoestima alta se cuenta con mayores herramientas para superar los momentos adversos, habrá una mejor capacidad de adaptación frente a los cambios y será más eficaz el proceso de sanación.

¿Y cómo se fortalece la autoestima?

Mejorando la percepción y el autoconcepto. Invirtiendo tiempo de calidad para conocernos, pues si no nos conocemos ¿cómo nos vamos a querer? Trabajando en la aceptación de los defectos, errores cometidos y supuestas imperfecciones físicas. Siendo responsables de nuestros actos y esto es muy diferente a la culpa, ya que se trata de reconocer que tenemos el control y el poder para tomar decisiones. Cuidándonos de situaciones o gente tóxica. Demostrando coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Teniendo metas claras y proyectos propios que vayan más allá de las expectativas sociales y de complacer a los demás. Buscando formas de crecimiento integral. Rodeándonos de seres que aporten. Dándole prioridad a la búsqueda de la tranquilidad y el bienestar.

Y es que sintiéndonos completas no intentaremos llenar los vacíos afuera, al considerarnos dignas de amor y respeto atraeremos a personas que vibran bonito, pero para llegar a este punto hay que ser conscientes, de que la primera relación sana que debemos construir es con nosotras mismas.


Valeria DeBotas

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