Crónica de un divorcio anunciado

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Bloguera invitada: Laura

Ser una mujer de 25 años, con éxito profesional, y una familia conservadora de un pueblo del oriente colombiano con tradiciones religiosas, suele ser complicado cuando se siente un deseo insaciable de devorar el mundo. Así empieza esta historia, cuando cansada de los mismos polvos de mi ciudad natal y luego de una irrechazable oferta laboral decido emanciparme de mi casa materna y salir a buscar mis sueños. Y ese reto era tan crucial que hasta un tatuaje me hice para recordar el acontecimiento.

Todos los miedos, expectativas y rebeldías duraron muy poco, cuando en mi nuevo trabajo conocí a este chico, con cara de yo no fui, de coqueteo respetuoso y extraña atracción sexual. Cumplía todos los requisitos para un prospecto actual, era separado, no era gay, ni bisexual, económicamente estable, físicamente aceptable, entre otras cosas que escondía debajo de esa ropa de niño bueno.

Y como lo predijo una adivina que visité antes de iniciar mi aventura, había conocido el amor de mi vida, el papá de mis hijos, quien vendría a curar mis heridas del pasado. Sí, como no, creo que esa platica se perdió. Y fue así como se inició aquella historia de amor, que logró por un momento cambiar una idea que tenemos con mis mejores amigas, que comparten mi condición de soltería, de una extraña maldición impuesta por una monja del colegio religioso donde estudiamos, gracias a nuestro peculiar comportamiento durante la época escolar.

De todo este remanso de virtudes que tenía mi príncipe azul, solo mi madre y su rara intuición, sentía que algo no era tan perfecto. Pero como yo era rebelde y no podía perder semejante oportunidad me tiré de plancha al abismo; inició con un noviazgo, luego unión libre, claro está sin que mi recatada madre se enterara, aunque creo que siempre supo, y por último en menos de dos años esta rebelde sin causa, la eterna soltera de la familia, estaba dando el SI, ante un notario un domingo cualquiera.

De este día queda en mi memoria y en algunas fotos, la tristeza del rostro de mi madre, parecía más en mi funeral que en mi matrimonio, la cara de “¿será que funcionará?” de mis amigas, y no podía faltar la cara de “otra vez” de la familia de mi nuevo esposo, quienes después de tres matrimonios de este sujeto ya era un ritual conocido, pequeño detalle, era tres veces casado… ¿por qué no le habrían funcionado sus matrimonios anteriores? una pregunta que debí contestarme antes de montarme en tremendo bus.

La respuesta a todos los matrimonios fallidos de este príncipe azul, quien de ahora en adelante se llamará el esposo, era una usual condición de meterse en la cama de cuanta mujer le diera papaya, sin distinción de edad, raza, estatus socio-económico, en conclusión mi esposo era un ave de carroña, o como dicen en mi tierra “no se comía una mano porque la necesitaba”. Durante el año y medio de matrimonio callé todas sus infidelidades por miedo al qué dirán, y lo justificaba con falacias que me repetía todos los días como: Pero es buen esposo, pero no me maltrata, pero responde por la casa, y la peor de todas, pero es a mí a quien ama. Me imagino lo que están pensando en este momento, tranquilas yo también lo pienso.

Y como crónica de una muerte anunciada de nuestro premio nobel Gabriel García Márquez, todos sabían el final de esta historia. Un día en una reunión de amigos que realicé en nuestro apartamento, conoció aquella mujer, que no solo le inspiró una noche de sexo, sino que según Él, se enamoró. Dos meses después de esa noche estábamos nuevamente ante un juez pero ahora firmando un divorcio: Él, feliz con su nuevo amor, y esta rebelde que quería devorar el mundo, con su alma y alas rotas tratando de reunir los pedazos de aquella mujer que salió de su pueblo natal, para buscar su felicidad, pero ahora con un nuevo estado civil, FELIZMENTE DIVORCIADA.

Laura

Nota: Laura fue de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada. Ella manifiesta que ahora está felizmente soltera en el mercado de lo usado, y se siente enormemente agradecida de la fulana que se encartó con su ex. 

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Imagen de la película Sex and the city

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3 Comments

  1. Joha
    August 28, 2017 at 7:07 am

    Wow !! Total admiración , no estás sola, muchas pasamos por eso te juro que he estado a punto de escribirles , yo vivo en unión libre con mi novio pero últimamente me siento que ya no puedo más , no sé qué hacer , hay muchas en mi cabeza , pienso y soy defensora del autoestima y amor propio y por mí bienestar quisiera dejarlo y salir corriendo , no tengo problemas de i fidelidad , pero es muy depresivo y si algo no le sale bien la que paga los platos rotos soy yo , trato de ayudarlo , entenderlo , no hacer cantaleta pero de cierta tanto en si mismo que enserio no sé qué más hacer 🙁 me siento muy sola y triste , fracasada , decepcionada , quiero sentirme bien. Pq no es mi culpa pero no puedo

  2. Sharon Morales
    Sharon MoralesReply
    August 28, 2017 at 3:40 pm

    Excelente articulo y por ahi dicen: ¡De las aguas mansas librame señor!

  3. Johana
    JohanaReply
    September 29, 2017 at 9:23 pm

    Hola! Excelente articulo, hace 1 mes me separé, y pues aparte de que el fulano no podía ver vieja linda, lo último que hizo fue llamar a ponerle una canción a su excompañera… Me identifico, y totalmente de acuerdo, FELIZMENTE SOLTERA

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