El kamasutra de una treintañera

nuevaadministracion

sophia loren

Ya no soy una adolescente inexperta que le teme a los prejuicios y al sentimiento de culpa, hace mucho tiempo dejé mi ingenuidad en el baúl de los recuerdos, entre aquellos cachivaches que no interesa recuperar. Una década más tarde decidí quererme como merezco que me quieran, todita toda con mis faltantes y excesos, y un día soleado de domingo me sentí sensual, curvilínea y con sabiduría. Años después me encontré en los treintas con toda la posibilidad de ser libre de lo políticamente correcto, y quise flotar entre las sabanas porque mi sexualidad se convirtió en herramienta de goce y felicidad.

Y no hablo estrictamente del sexo burdo lleno de ganas vacías, ni tampoco lo idealizo con hacer el amor de la manera vainilla tradicional, por consiguiente las personas y circunstancias que se cruzaron en mi camino permitieron que el erotismo se paseara aventuradamente de una línea a otra, desapareciendo la dualidad del blanco o negro, y así conocí la escala de grises que pintaron el paisaje de mi geografía sexual. Lo mejor es que no me arrepiento de nada, pues mis historias tienen el sabor de haber sido vividas y eso es mucho mejor que imaginárselas.

Rachel Welch

Me encanta la deliciosa contradicción de endulzar mis oídos para luego salar mi cama. Me gustan los hombres hábiles con la lengua y sobre todo que la tengan conectada al cerebro, que sean lectores y yo sea su mejor libro por descubrir. Ni tan abstractos como para no entender su poesía aunque tampoco muy obvios como para decir: “Que lindos ojos tienes”

Enloquezco con los besos fuertes que provienen de labios suaves, anhelo los robados con respiración agitada y una barba rasposa,  también suspiro por los que tienen sabor a despedida pero que definitivamente harían que me quede.  Desearía que algunos besos fueran perdurables y se pudieran guardar en el bolso como caramelos, para luego saborearlos apasionadamente en caso de emergencia.

Mi cuerpo es un diccionario lleno de muchos verbos interesantes que están esperando ser explorados y puestos en práctica, en efecto mi imaginación me invita a probar todas las letras o hasta inventar palabras con el propósito de seguir jugando: acariciar, bailar, coquetear, deleitar, erotizar, fantasear, gemir, hechizar, incitar, jadear, “kamasutrear”, lubricar, masajear, navegar…ORGASMO.

El Kamasutra de una treintañera es acerca del placer que da el placer.

Solteras Debotas

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One Comment

  1. Andrés Cabrera
    Andrés CabreraReply
    April 25, 2016 at 4:06 am

    Erótico y placentero. 30 años la edad propicia para probar otro nivel. Gracias por tu articulo lo tendré en cuenta. Una lengua conectada al cerebro. Excelente.

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