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Recuerdo que mis amigas del colegio me pagaban con dinero de su merienda o con chocolates por escribir cartas para sus amores platónicos que ahora le llaman Crush, también me volví experta en expresar dolores ajenos, convirtiendo un corazón roto en un mensaje visceral de decepción y desamor.  Era una especie de Cupido cuyas ingeniosas y quizá venenosas flechas eran las palabras, pero en este caso, impregnadas de febril adolescencia.

Desde muy joven sentí afinidad por los temas afectivos como presagio de la misión que iba a realizar muchos años después. Escribía porque me gustaba contar historias, además escribía para mí y poseía un diario en el que depositaba mi vulnerabilidad y mis secretos jamás confesados, todavía conservo un escrito plasmado de tristeza e inseguridades de la época en que me decían ‘boca de pato’ y tenía conflictos con la imagen que reflejaba el espejo, o de cuando sentí en mi pecho ese calorcito alegre del primer beso, que por cierto me supo a Bom Bom Bum.

Con el pasar de los años empecé a escribir con menos frecuencia, quizá por falta de tiempo, o por miedo a mostrarme demasiado emocional, estaba muy ocupada fingiendo una falsa valentía. Me volví una ejecutiva exitosa, que vestía de negro y que sonreía poco, era una bomba de tiempo que un día explotó, como está destinado a suceder cuando se reprime aquello que debería ser expresado.

Acercándome a los treintas estaba pasando por un mal momento, vivía una tusa y me sentía cansada del que dirán, del chisme y la bendita presión social, tenía problemas de autoestima y quería escapar de mi misma, como si eso fuera posible…

Así que tomé la decisión de iniciar un proceso de psicoterapia, las sesiones era un constante descubrir, ahondar en mi pasado para analizar mis comportamientos del presente.

Una de las valiosas recomendaciones que me hizo mi psicóloga fue la de retomar la escritura, y que bueno que le hice caso, ya que fue un ritual liberador y que movió muchas cosas en mí, fue abrir el raudal de mis emociones ocultas que se encontraban detrás de una gran represa que había construido y custodiado durante mucho tiempo.

Simplemente me inundé de mi misma, me escuché, me bañé en amor propio, lloré, grité, me reencontré conmigo y me perdoné. Obvio que el camino de la sanación no es nada fácil o romántico y te puede llevar al límite, sin embargo, lo volvería hacer una y otra vez, porque en la zona de confort nada crece y nada florece. Y en definitiva, necesitaba salir de donde me encontraba.

Soy otra gracias a que me di el permiso de soltar y esto lo conecté con las letras. Escribir ha sido una gran herramienta de catarsis porqué me ayudó a reconocer mis emociones, a identificar detonantes, a soltar el estrés y a entender ciertas experiencias de mi vida. Fue y es un ejercicio de honestidad conmigo misma, un espacio que me facilitó procesar mis momentos.

Llevo más de diez años disfrutando de sus bondades y puedo decir que la escritura me cambió para bien, es una de las herramientas fundamentales para mi crecimiento personal, después de plasmar mis pensamientos en el papel o computador siempre me percibo más liviana. Hoy me siento más libre que ayer.

En el siguiente podcast sugiero algunos ejercicios de escritura creativa y expresiva que puedes aplicar desde tu cotidianidad:

    

Son para realizarlos desde el fluir no desde la presión, como un regalo para ti misma, sin imposiciones o aspiraciones literarias, lo que llegue o surja después será por añadidura. Escribe lo que sientes de manera honesta, escribe para cerrar un ciclo, escríbele a tu niña interior, escribe para perdonarte, escribe para dejar el pasado, escribe lo que aprendiste de una situación complicada, en definitiva escribe por tu bienestar que es lo más importante.

Si deseas conocer más del tema, puedes tomar sola o con amigas mi taller de escritura terapéutica, conocerás algunas técnicas bien interesantes para potenciar este maravilloso hábito, que por cierto te ayudará la gestión emocional.

Valeria De La Espriella

Autora de ‘Manual para Solteras DeBotas’ disponible en librerías de Colombia y en Ebook en plataformas digitales.

Nota: Esta una técnica de crecimiento personal y no es el reemplazo de una consulta psicológica o psiquiátrica.

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