El tercer piso

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Los Dinosaurios de Charly García:”Si los pesados mi amor llevan todo ese montón de equipajes en la mano, Oh mi amor yo quiero estar liviano”.

Desde hace un año me mudé al tercer piso, en un cómodo apartamento en donde reina el confort y seguridad que fue escasa en tiempos pasados.  Se puede creer que en los treinta se ganan cosas, como por ejemplo: La experiencia, el dinero, estatus o el sex appel; esto lo acepto y por eso respondo al estilo chimoltrufia: “Pa que te digo que no si, si”. Pero más que llenarnos de objetos o virtudes, siento que en esta etapa nos vamos liberando de tantas pendejadas que nos acompañaron durante años.  En lo personal, me importan menos las apariencias, también se fueron muchos de mis miedos y he aprendido a reírme de mi misma.

Es cierto que empezamos a realizar un recuento de nuestra vida, y que desde luego vienen las miles de preguntas, pero afortunadamente en mi caso todas las respuestas son positivas. Porque hasta el momento con aciertos y errores, no me arrepiento de nada y me siento contenta del camino que he escogido.  Aunque todavía no sé qué quiero en algunos aspectos de mi vida, de lo que si estoy segura es de lo que no quiero, y eso es tan o más importante que algunas metas ficticias que uno siempre se coloca al llegar a los treinta.

Tampoco me asusta decir mi edad, por lo que me da risa cuando muchas amigas siguen cumpliendo 29, 29.5, 29.9, para mi es preferible decir que cumplo 31 y que me respondan con: Uhy ! pero no los aparentas. Se acabó eso, que a las mujeres decentes no se les pregunta la edad… Entonces en mi caso díganme indecente.

Con mezcla de complejo y vanidad, digo que actualmente tengo más curvas, pero esos kilitos de más son directamente proporcionales a mi personalidad, pues si mi cuerpo creció, mi autoestima también. Me gusta el ser humano que miro en el espejo, cosa que años anteriores no me sucedía. (Antes era flaca, ahora estoy buena)

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Confieso que ya no bailo todos los fines de semana y que ya no me atrae tanto la rumba estruendosa, prefiero una buena conversa, deliciosa comida y una botella de vino tinto. Aunque tampoco quisiera demeritar lo que fue mi juventud, pues cada década tiene su encanto y mis épocas de universitaria también las disfruté al máximo, pero hoy que tengo platica en el bolsillo la puedo pasar mejor.

Desde hace varios años, ya no me considero feminista (aunque no me crean), tiempo atrás jugué a convertirme en la abogada de los pobres y oprimidos, hasta que conocí mujeres más machistas que los mismos hombres, (El respeto empieza por uno mismo y el mono sabe en qué palo trepa) y sinceramente aquella lucha de las de mujeres arriba y los hombres abajo o viceversa es mejor resolverlo, por ejemplo en la cama.

Vivo agradecida con mi soltería y si un día cambia mi estado civil a casada, que se anteponga al adverbio felizmente, de lo contrario prefiero seguir con el cliché de mejor sola que mal acompañada. Aprovecho también para aclarar que no tengo nada en contra de las personas que se casan, tienen hijos y compran un perro, poseo amigos maravillosos que han encontrado una placentera vida en familia. Lo que critico y no me gusta, son aquellos chismosos que siempre me viven preguntando ¿Por qué no te has casado?

A estas alturas de la vida he amado, he odiado (Que a veces es la misma vaina pero en distinta dirección), además aprendí a perdonar lo cual es tan difícil como tener paciencia. También ostento menos amistades que antes, pero son más valiosas. En conclusión para mí, los treinta son como un colador en donde solo va pasando lo bueno, que es la materia prima para sacarle jugo a la vida.

Debota de la Soltería/ Propietaria de Apto 31,  Edificio de la Vida, Piso 3

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Imágenes: Corbis

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One Comment

  1. Jenny
    JennyReply
    May 11, 2016 at 3:08 am

    Este año cumplí 31. De nuevo muy identificada con el artículo. Últimamente he estado pensado en los cambios de mi estilo de vida: dejar un lado la rumba y preferir un plan calmado y relajado, lo de compartir momentos con los verdaderos amigos: de esos pocos pero valiosos.
    También comparto la idea de que los treinta es la edad para dejar tantas pendejadas que no te dejan progresar: vivir del que dirán, tomarse todo personal o estar pendiente de los demás en las redes sociales o tratar de impresionar a los demás.
    Esta es una época para dejar las cargas pesadas del pasado y viajar más ligera en este nuevo camino de la vida.

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