La belleza es relativa… ¡y re – esquiva!

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Bloguera invitada: Natalia Arango Patiño

Las mujeres en el mundo hemos logrado ser abogadas, profesoras, doctoras, policías, presidentas y algunas, hasta han llegado al espacio, pero… ¿Cuántas nos sentimos verdaderamente lindas? ¿Cuántas estamos seguras de nuestras caras y cuerpos, así tengan unos cuantos defectos? Mmm, vaya uno a saber. Siendo sincera, yo dudo muchas veces de lo que me muestra el espejo.

Desde tiempos de los tiempos, la fémina berrionda de racamandaca ha liderado cualquier cantidad de luchas para lograr una posición más justa frente al hombre y en medio de todo, se hizo acreedora a la horca, a la hoguera, al escarnio público, a ser tildada de bruja, loca, pecadora y a quedarse solterona pero, todo ese peligroso y agotador esfuerzo, que mucho logró, se está yendo por el caño, porque muchas estamos cayendo en la farsa de los cánones y, peor aún, en la competencia tan pecueca y agresiva entre nosotras mismas.

Flotan y rebotan: gorduras y polímeros

Lo cierto es que cada etapa de la historia está marcada por un icono de prototipo de mujer. ¿No recuerdan a la voluptuosa y sensual Pamela Anderson, aquella que con su vestido de baño rojo -y sus grandes teclas, por supuesto-, hacía enloquecer a todos? Y ni las mujeres se salvaron de su atrayente imagen, porque muchas, cedieron ante la tentación de ponerse unos cuantos gramos -¿o kilos?- de gel siliconado en sus despoblados pechos y/o traseros, causando a su paso un sinnúmero de “huuuyyys”, sin contar las incomodidades corporales por soportar tales proporciones.

Es que cada época trae su “estampita”: que Cleopatra con su cabeza rapada en el antiguo Egipto -qué sexy-; que Marilyn Monroe con su falda al aire, en los 50; que Marbelle, con su boquita pulida… Mejor dicho, hay hasta para tirar para el techo. Lo que sí tienen de común denominador, es su ente corpóreo: ninguna de ellas fue, o es, una langaruta. Esa pendejada de la onda light, que yo no sé quién fue el que se la inventó, está acabando con nuestra esencia redonda y suave.

¡Las viejas tenemos curvas!

Si, por ejemplo, en los años 20 la que mandaba la parada era la niña “trocita” -pero sana y feliz-, con piernas bien torneadas, nalga redonda y amplia y pelo con ondas, la de ahora es una flacuchentica con la barriga hundida, con una larga cabellera (hasta la ‘nies’) que parece una “cabuyera”, porque vive estirándose el pelo a punta de plancha o de keratina brasileña y con unas patas de garza que parece que no van a sostener el cuerpo. Yo no sé, pero como dice una amiga mía, “uno se pone flaco y se ve como pobre”.

Ahora, para ser linda y gustadora, aparte de saber administrar un perfil de “soy-multitarea-tengoperroygato-mecasoalos40porquesoyexitosa”, debe uno aceptar todas las críticas “constructivas” y adaptarse a lo que la gente está llevando; o sea: toca ser chévere y preciosa al mismo tiempo… ¡Una delicia! ¡Dónde me apunto! Para saber que, después de un tiempo de Pilates, CrossFit, cicla a las 5 am y batidos verdes, por un lado o salen pelos, o aparece una cana, o una pata de gallina, o una mancha. Nooo, ah, ¡disfrutemos la vida! Sin querer hacer apología al descuido, abracemos la almohada, tomemos un vaso de leche entera sin miedo al colon irritable, comámonos un chicharroncito bien tostado de 10 patas o bebamos una cerveza helada, todo esto, mientras se pueda; mientras la vida nos deje.

Epílogo

Acá estoy, frente al espejo inmenso y acusador del baño de mi casa y, junto a mí, esos adiposos criminales que aún no han sido procesados: mis gorditos. Sí, estoy delgada, pero soy de esas flacas que esconden una fina colección de tejido con piel de naranja, más conocida en el bajo mundo como celulitis y una cadera prominente con piernas a juego, además de una barriguilla sutil (también tengo unos granos coquetos en cara y espalda, pero esa es otra historia).


La batalla está por empezar:

¡Y uuno, y dooos, y treeess!


Natalia Arango Patiño

Natalia fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada. Es Comunicadora Social, treintañera, paisa soltera (pero enamoradiza como un berraco), y fiel escritora de pendejadas.


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Imagen: Gif de Bridget Jones

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3 Comments

  1. Angela pinzon
    Angela pinzonReply
    January 25, 2016 at 3:18 am

    Me encantó. Muy divertido, ameno y totalmente cierto!

  2. Liliana
    LilianaReply
    June 18, 2016 at 3:20 am

    Como siempre, muy buen articulo sin embargo en esta oportunidad se siente algo de recelo y discriminación a las flacas por naturaleza o por salud sin extremos; así como hay mujeres hermosas, sanas y felices como son rellenitas, las hay delgadas y flacuchentas como mencionan “algo despectivo” hermosas , felices y sanas sin necesidad de excesos. Todo extremo es malo y no por ser delgada se es hueca o superficial. Eso tambien se ha convertido en una exageración generalizada. Lo importante va en la mente, como mejor te sientas .

  3. Luisa
    LuisaReply
    January 22, 2017 at 12:00 am

    Hola, tengo que escribir, y estoy de acuerdo con Liliana.

    A mí en particular la naturaleza me hizo una de esas “flacuchenticas” como mencionas porque en mi información genética no hay otra opción, mis padres son flacos, mi hermano es flaco en fin.. , soy flaca y alta y no engordo por nada. Me alimento super bien, como de todo, no voy comiendo sólo lechugas y agua por la vida. Y también te puedo decir que eso ha conllevado a que mucha gente piense que no soy saludable, que no como bien, que soy anoréxica, etc.. y que toda mi vida haya tenido que soportar al médico poniendome dietas, vitaminas y cuanta cosa hay para que suba de peso.

    Aunque no sigo la moda del pelo aplanchado y largo, eso sí, -lo llevo corto y sin plancha -, me parece que con lo que dices estás apoyando la creación de estereotipos del cuerpo femenino, ahora yo debo sentirme rara porque no tengo esencia “redonda y suave” y ser “langaruta” está mal visto y me hace ver como una pobretona. El cuerpo humano es tan maravilloso y puede adquirir tantas formas y tamaños, te lo digo como bióloga que soy, que creo que no es válido ver y apoyar sólo una parte de toda esa amplia gama de posibilidades que nos da nuestra genética.

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