La fidelidad no se exige ni se cuida

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Celos relaciones de pareja


Bloguera Invitada: Sandra Milena Barroso Lozano

Debido a mi trabajo, el 99.9% del tiempo estoy rodeada de hombres, conociendo nuevos hombres y relacionándome con más y más hombres; esto ha generado la envidia de muchas de mis amigas que me creen en el paraíso, pero también, de la mano con las bromas y los sarcasmos graciosos, han venido los insultos y malentendidos con muchas esposas, novias y hasta amantes de aquellos hombres.

Desde invitaciones de amistad a Facebook de perfiles extraños, mensajes de amenazas si me meto con sus hombres, hasta llamadas de todo calibre. Así que me veo muy comúnmente obligada a responder de la manera más respetuosa posible, explicando las razones de porqué X o Y tiene mi número guardado en su agenda, entre otras cosas. Cómicamente, en ocasiones (pocas en realidad) las llamadas son tan afables que terminamos hablando cual viejas amigas y yo dando consejos del corazón.

Lo que me parece más curioso de estas conversaciones son frases como: “Es que él ya me la ha hecho varias veces”; “yo ya le dije a él que es la última vez que lo perdono”; “Él enreda a todas las mujeres, pero yo soy la esposa y mi puesto nadie me lo quita”; “No es la primera vez que me pasa”…

En fin, todo me lleva a pensar que estas labores de inteligencia son todo un cotidiano día a día  en  estas parejas;    y esta inseguridad  constante, de alguna manera debe hacerlas infelices… entonces me pregunto:  ¿Cuál es la clave de la felicidad? (o de la fidelidad, si tenemos en cuenta que la mayoría de estas relaciones terminan por su ausencia) y me he dado  cuenta,  (aclaro  que  esta  no  es  ciertamente  una  revelación  divina)  de  que  las personas que son infieles lo hacen realmente con la convicción de lo que están haciendo, es decir que lo hacen porque quieren, nadie les obliga; simplemente lo sienten y ya… no sienten culpa más allá de la que genera el hacerle daño a esa otra persona.

Ello me llevó a reflexionar un poco acerca del concepto de “fidelidad” que manejamos comúnmente, esa en la que “te prometo serte fiel…” cuando no sabemos qué nos va a traer la vida; concepto que está ligado a una relación malsana de pertenencia recíproca: “él o ella me pertenece”.   ¿La fidelidad puede considerarse un sentimiento, como el amor? ¿Deriva de este? ¿Cómo exigirla cuando no se siente? , y he aquí mi sentencia: “La fidelidad no se exige ni se cuida”

La única fidelidad que debes cuidar y mantener de verdad es ser fiel a ti mismo. Cuando empiezas a ser fiel a lo que en realidad sientes y deseas, serle fiel a los demás no será una necesidad; no puedes ser fiel a otro si no estás realmente donde y con quien quieres estar.

La infidelidad se convierte entonces en un sentimiento ambiguo, ya que a pesar de que genera placer inmediato,  genera también una culpa que en realidad es ajena, ya que la culpa no se tiene por lo que se hizo, como los desastres de borrachera, sino por el daño generado en la pareja y la avalancha de ello en su vida inmediata. Ciertamente,  una infidelidad de una noche puede generar menos culpa que una reiterada…

Cuando las parejas inician muy enamoradas en una relación, la posibilidad de infidelidad es casi nula. Es tanto el apasionamiento que se hace ilógico pensar en ser infiel. Esto se debe a que se está haciendo lo que se quiere, precisamente la fidelidad está dada en tanto que como individuos somos fieles a lo que en ese momento pensamos,  sentimos y nos hace felices.

Posteriormente, cuando empezamos a ceder y esa fidelidad a sí mismos toma conciencia social, ya lo que pensamos y sentimos comienza a contaminarse con ese sentimiento de otredad en el que la fidelidad ya no se debe a sí mismo, sino a la pareja. Es en este punto en el que empieza a generarse inconvenientes en tanto que se empieza a hacer ciertas cosas a escondidas y a ocultar  otras con el fin de no hacer daño  a la pareja. Y más adelante, el asunto se complica aún más,  si se piensa en la aceptación de tu relación en los diferentes grupos sociales a los que pertenecemos, es decir amigos, compañeros de trabajo, familia, etc.; problema mayor, ya que la fidelidad propia, convertida en fidelidad a la pareja pasa a convertirse rápidamente en fidelidad a la sociedad.  Y es aquí donde nos sentimos ahogados y realmente atados a una relación que quizá ya no es lo mismo que fue. Tanto de un lado como del otro hay tensión,  y ello, sumado a la costumbre,  no nos deja tomar decisiones que nos permitan ser fieles a nosotros mismos.

Y todo esto es porque la fidelidad no es una obligación, es más un sentimiento que te permita hacer lo que en realidad quieres hacer, en ese caso, solo puedo serme fiel a mí misma y a lo que siento y deseo. Nadie puede obligar a nadie a generar determinado sentimiento, simplemente se siente o no… Yo no me comprometo a serte fiel, yo me comprometo a serme fiel y con ello, podré ser sincero y decirte cuando todo deba terminar…

Sandra M. Barroso L.

Sandra fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada. Es una mujer soñadora, libre y feliz… Docente, madre y buena amiga, acaba de escribir el libro “Se habla español. ¿Cuál?” con la editorial Ariel.

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Imagen: the confrontation illustration: dominic bugatto for the wall street journal


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One Comment

  1. Erika
    ErikaReply
    June 7, 2016 at 3:01 pm

    Excelente reflexión. Ser fiel así mismo y tener seguridad. Eso se refleja en la pareja.

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