Maravillosamente Imperfecta

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Pato

La adolescencia, aquella época de ingenuidad a mediados de los 90´s donde todavía quedaban vestigios del copete de Alf, los baggies fluorescentes y las jóvenes jugábamos con muñecos (Pero no de carne y hueso como hacen algunas culicagadas de esta generación).   Todavía recuerdo como si fuera ayer, al particular grupo de “amigos” del barrio que nunca supe si por cariño o crueldad me tenían un apodo muy particular: Boca de Pato, debido a la obvia razón que mi jeta es lo primero que se ve en la cara.

Aunque reía y aparentaba divertirme con el tema de mi sobrenombre y todas sus diferentes variaciones como La Cua Cua o simplemente pato, el contexto de aquella situación no hizo más que aumentar las inseguridades que una joven vive, pues me sentía una chica bastante exótica… tirando a rara o para ser más exacta en mi apreciación: Era fea.

Pero en juego largo hay desquite y me pasó como a los buenos vinos que mejoran con los años, porque el tiempo concede la maravillosa capacidad de curarlo todo y al igual que en una fábula infantil aquella patita fea se convirtió en cisne…. Y además de curvas e ingenio tuve la oportunidad de aprender a quererme, entendiendo que el aparente defecto no es más que una característica que me hace especial.

La realidad es que todavía soy trompona pero con la diferencia que ahora me siento muy muy bien.  A medida que fui creciendo descubrí que esa imperfección se convirtió en atributo y que muchas mujeres se hacen de todo, hasta el punto de quedar deformes solo para tener los labios que yo luzco de forma natural y ni les cuento de la admiración generada en el sexo masculino. (Y si !, los labios de la foto son míos).

Boca Sexy

La prominente nariz de Barbara Streisand nunca fue impedimento para mostrar su poderosa voz, o que me dicen del tipo sexy de la película el transportador 1,2 y 3 que luce con orgullo su excitante cabeza calva, o el talento de Alfred Hitchcock que era igual de grande a su papada y para ser más histórica, el ingenio militar de Napoleón inversamente proporcional a su estatura.

Dejémonos de bobadas, etiquetas y prejuicios, porque la perfección no existe  y en un mundo de caras repetidas, la mayor enseñanza es que seamos como seamos, valemos mucho y aquellos “detalles” nos dan un sello particular.

De vez en cuando surgirá un comentario envidioso y mal intencionado, por ejemplo diciendo que soy una versión tercermundista de Angelina Jolie (Obvio que lo soy, puesto que no poseo ni sus millones, ni un premio Oscar, ni su media docena de hijos y mucho menos a Brat Pitt)  Realmente me importa un pepino lo que digan, porque ya no tengo 14 años y mi autoestima se fortaleció tanto, que es más gruesa que mis labios.

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One Comment

  1. argyle
    argyleReply
    May 30, 2016 at 5:27 pm

    Este caso tuyo es totalmente parecido al mio, me identifiqué tanto!! y pensar que era un patito feo y que mis labios resultaron siendo mi atributo mas sexy!

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