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Hay relaciones que sacan lo peor de ti, que muestran tu lado oscuro así como el de la otra persona. Mientras que con el amor bonito inspira a construir, una relación tóxica destruye lo que encuentra a su paso, agota y genera sufrimiento.

Al igual que muchas mujeres de mi generación crecí con muy malos referentes, algo así como un sancocho de dinámicas familiares, telenovelas, presiones de género, canciones corta venas y consejos desacertados de gente que hablaba a través de sus heridas.

Me habría encantado que en mis épocas de colegiala, alguien me hubiera hablado de amor propio, educación emocional o desde la perspectiva de género, ya que para mí no fue fácil iniciar un proceso de desintoxicación de semejante caldo tan pesado de digerir. A veces no es fácil soltar los malos amores porque es lo único que conocemos y esto nos lleva a pensar que así son las relaciones afectivas, las normalizamos y hasta romantizamos.

Pero lo hecho, hecho está. Lo importante de las experiencias es que no se queden solo en anécdotas, sino que se conviertan en aprendizajes y en sabiduría. Por fortuna después de varios tragos amargos, un día saboreé una pizca de sentido común, lo que me llevo a hacerme preguntas y abrió mi percepción, entendí que era necesario limpiarme y romper el círculo vicioso en el que se había convertido mi vida sentimental.

¿Y cómo hacer un “Love Detox”?

Dense el permiso para volverse mierda. Derrúmbense, lloren, desahóguense, quéjense, no todos los días sale el sol, ni podemos ser felices, a veces necesitamos estar mal para luego reinventarnos.  Dejar salir el dolor es una catarsis, sin embargo no lo vuelvan hábito, ni se queden en el papel de víctimas. Cuando se sientan más livianas, sequen las lágrimas y pónganse a trabajar.

A nuestra vida llega lo que atraemos y lo que decidimos aceptar consciente o inconscientemente. Muchas veces proyectamos en nuestras parejas ciertas cosas que nos disgustan de nosotras mismas, e intentamos solucionar afuera aquello que necesita ser trabajado desde adentro. Esto no quiere decir que se tengan que dar látigo o culparse, no sean tan duras con ustedes, aquí el  meollo del asunto es cultivar el amor propio que bastante falta hace cuando intentamos sacar fuerzas para cambiar el chip y soltar hábitos dañinos.  Al igual que un detox alimenticio, no se trata solo de tomar un batido y pensar que el milagro ocurrirá mientras seguimos con la misma vida de siempre, esto debe ir acompañado de un plan, un cambio integral que incluye buena actitud y mucha voluntad.  El amor propio es importante porque se convierte en la gasolina que mueve la autoconfianza, el autocuidado y la autoafirmación, pilares necesarios para trabajar en nosotras y evitar que saboteemos el proceso.

El otro paso es zafarse de los mitos románticos que nos han fregado la vida. Amigas dense cuenta que: El amor no todo lo puede, ni todo lo soporta. No somos la media mitad de nadie y no estamos incompletas. Las presiones nos llevan a elegir mal, a aferrarnos a quien no nos conviene porque lo hacemos desde la desesperación. Los celos no son amor, son apego, posesión, inseguridades y heridas sin sanar, no deben considerarse una muestra de afecto. El amor no siempre es para toda la vida, los sentimientos se acaban y las personas cambian, si no somos felices no estamos obligadas  a seguir. No es un fracaso terminar una relación, fracaso es quedarse sufriendo.

Nunca es tarde para fortalecer la educación emocional, hay que entender que los sentimientos y emociones son importantes pues influyen en nuestras decisiones y acciones. No son nuestras enemigas, ni nos hacen débiles, por eso hay que practicar la autogestión para saber que no necesariamente debemos engancharnos cada vez que una emoción aparece en nuestra cabeza, podemos sentir rabia o tristeza, pero depende de nosotras si convertimos una fogata en un incendio. La educación emocional también nos facilita expresarnos de manera asertiva, nos ayuda a cimentar coherencia entre lo que sentimos, decimos y hacemos. Nos ayuda a ser responsables, esto implica cumplir las promesas o asumir los errores. A desarrollar la empatía, tomar consciencia de las emociones de los demás, aprender a escuchar, a estar abiertas al diálogo y a la resolución de conflictos pero también a establecer límites sanos. Que nos pongamos en los zapatos de los demás no quiere decir que permitamos que nos pisoteen.

Es clave pedir ayuda, en mi caso fue necesario la terapia para reconciliarme con mi niña herida, ahondar y hacer las paces con mi pasado. Así seamos unas mujeres súperpoderosas, en ciertos casos es mucho mejor realizar estos procesos acompañadas de profesionales que saben lo que hacen. De igual forma rodéense de gente que vibre bonito, que les den ánimo en los días de malparidez en los que no se sientan fuertes. Reencuéntrense con su espiritualidad, refugiarse en la oración o en la meditación es mucho mejor que volverse unas trabajólicas que niegan sus problemas. Este redireccionamiento de la vida afectiva debe complementarse con buenos hábitos de alimentación, descanso, lectura, viajes. Cuando nuestra vida es plena, no intentaremos llenar supuestos vacíos con parejas que no nos convienen.

No se trata de amar mucho sino de amar bien, para esto hay que desaprender y aprender:

Cada persona es un mundo, no podemos pretender que alguien con una crianza, cultura o experiencias diferentes se comporte como deseamos, hay que bajarle a las falsas expectativas y ver al ser amado con los ojos de realidad, por eso la comunicación es importante para no suponer, evitar malos entendidos y llegar a acuerdos justos.

Nuestra pareja no puede prohibirnos nada y viceversa, cada persona tenía una vida antes de la relación y esta vida debe continuar.  Hay que cultivar la libertad, el crecimiento individual, las amistades, los proyectos y las actividades en solitario. En las negociaciones que se realicen se debe buscar un punto medio, que haya equilibrio entre el desarrollo personal y el respeto hacia los compromisos pactados dentro la relación.

Hay límites que no se deben cruzar. Cometemos un grave error cuando intentamos ganar a alguien, a costa de perder nuestra dignidad. Ser demasiado complacientes, salvadoras y mártires, no nos llevará al final del arcoíris. Es un error creer que nuestro cariño será la cura mágica para cambiar a quien no quiere ser cambiado.

La manipulación no debe ser usada como arma para castigar al otro por haber cometido una falla, o si es el caso contrario, hay que dejar de seguirle el juego a la persona que de manera consciente ha decidido lastimarnos al avivar sentimientos de culpa.

Las relaciones no son un caucho que se puede estirar de forma ilimitada, simplemente algún día se rompe, así que eso de pelear- terminar – reconciliarse, pelear- terminar –reconciliarse, sin haber sanado o encontrado la raíz de los problemas, solo traerá dolores de cabeza y situaciones que están condenadas a repetirse.

Al final no tenemos forma de controlar lo que otras personas sienten o hacen, esa energía que gastamos en fiscalizar o en armarnos películas, usémosla para trabajar nuestras inseguridades, dialogar y mejorar el tema de la confianza. Y si en realidad no es paranoia y nuestras sospechas son ciertas, entonces por qué que estar con alguien que nos genera zozobra.

No podemos estar de acuerdo en todo y a veces son necesarias las discusiones para aprender, crecer, o  terminar un ciclo, pero siempre debe existir el respeto. Siempre.

Es mejor esperar a que pase la rabia y que las emociones se calmen un poco para conversar sobre los temas difíciles, esto no quiere decir que los problemas deban guardarse, aguantarse, o negarse, más bien se trata de buscar un momento adecuado para abordarlos.

La dependencia es cuando necesitamos de alguien o algo para ser feliz, así que ponemos nuestro presente y futuro en manos de un tercero, o sea que no nos hacemos responsables de nosotras mismas. Y la codependencia es cuando nos atraen personas complicadas, conflictivas o con algún tipo de adicción y en este caso es porque nos sentimos responsables de salvarlas o de arreglarlas. Muchas dinámicas tóxicas de pareja tienen uno o ambos estados.

Una relación sana es intercambio de afecto y placer. Existe la cooperación, el consenso y la tranquilidad. Se expresan de manera libre las emociones y sentimientos, hay objetivos comunes, resolución de conflictos, no hay competencia o juegos de poder. Hay autonomía, crecimiento individual y en pareja. Se entiende que hay buenos y malos momentos, los primeros se disfrutan y los segundos se afrontan. La relación debe fluir en armonía con otros aspectos de nuestra vida, hay aprendizajes de parte y parte.

Así como elegimos comer una cosa u otra, e invertimos tiempo en cuidar nuestro cuerpo haciendo dieta o ejercicio, practiquemos el bienestar y el autocuidado de nuestra vida sentimental, tomemos batidos de consciencia y hagamos limpieza de los malos hábitos afectivos. El problema no es el amor sino la concepción errada que tenemos de este.

Construir una relación sana es una decisión. Y siempre tendremos el poder de decidir, lo creamos o no.

¿Y tú, sientes que necesitas un love detox?

Valeria De La Espriella

Autora del libro: Manual para Solteras DeBotas, disponible en librerías de todo el país.

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