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No por hacer vainas raras eres precisamente un buen polvo.

Para quienes no lo saben, el sexo vainilla se llama así, debido a una analogía, porque es como si entraras a una gran heladería erótica que contiene todos los sabores, parafilias y fetiches del planeta, y que además tienes la posibilidad de mezclar con infinidad de salsas y toppings, pero que luego de mirar y preguntar por todas las opciones, al final te decides por la más básica, es decir que terminas escogiendo el primer sabor de la lista, el tradicional helado de vainilla, lo que equivale al típico polvo tranquilo sin sobresaltos o efectos especiales.

Y es que se puso de moda, se volvió “mainstream” eso del sexo duro, empezó el culto a las emociones fuertes, a la búsqueda de variedad, a la adrenalina, a las novelas eróticas tipo fast food, porque el mundo se llenó de gente ávida de experiencias bizarras, en el que las relaciones cada vez son más líquidas y con fechas de vencimiento más cortas. Así que en algún punto del camino, el sexo vainilla fue considerado simple, soso y aburrido, y a la gente se le olvidó su aterciopelado sabor y su intenso aroma. Se les olvidó que infinidad de postres tienen como base a la vainilla, porque ayuda a potenciar otros sabores, porque tiene la capacidad de suavizar lo ácido, de nivelar el picante y de mezclarse divinamente con lo oscuro.

Obvio que está muy bien probar el oreo con pistacho, el arequipe con maracuyá, la frambuesa con tocineta y todo lo que se les ocurra, porque al igual que con los helados, en el sexo todas las combinaciones y todos los paladares son válidos, siempre y cuando los amantes lo disfruten y eso los haga felices. Pero esto no quita que a veces sea necesario  volver a la esencia, al “back to the basic”, así que no hay porque sentirse mal si te complace la postura del misionero, mientras suena una canción de Air Supply o si prefieres ir des-pa-cito con una dosis de cucharita, en una tarde de películas a medio terminar.

La verdad, es que ninguna práctica sexual es mejor que otra, todo depende de los gustos, pues en el parque de diversiones habrá quienes disfruten más con la montaña rusa, en cambio otras personas preferirán dar vuelticas en el carrusel. Ninguna es más especial  o menos especial, solo son diferentes formas de satisfacción.

Si lo miras con detenimiento, el sexo vainilla podría ser como una especie de medidor. Por ejemplo, hay algunas relaciones informales que empiezan con esa onda de polvos salvajes, pero llega un momento en el que deciden abrirse al otro, comienzan a entenderse en otros planos y pierden el miedo a entregar algo más que el cuerpo. Y es entonces cuando tienen una faena muy suave, afelpada y clásica, porque el sexo vainilla también puede ser la señal, de cuando la cosa va en serio. (Por supuesto, no aplica en todos los casos, ahora no se vayan a ilusionar cada vez que se echen un polvo de estas características)

Por otro lado, cuando llevas mucho tiempo con tu pareja, los encuentros sexuales se pueden volver monótonos y rutinarios, al punto que hasta se programa un día de la semana, de la quincena o del mes, para su consumación. En estos casos la señal es que hay una sobredosis de vainilla, y ya es tiempo de salir de la zona de confort y es preciso agregarle chispas de chocolate al asunto. Porque tampoco se puede abusar de lo suavecito y es que todos los extremos son malos, sin importar el sabor. (Aunque hay parejas que son felices así, y no les interesa cambiar. Punto)

Si intentaste realizar todas y cada una de las posturas del Kamasutra, si leíste las obras del Marqués de Sade y de Henry Miller, o si tienes tu propia colección de películas clásicas como  Emmanuelle, Garganta profunda, El imperio de los sentidos, Nueve Semanas y media,  o construiste en el san alejo de tu casa una especie de cuarto rojo para emular los rituales BDSM* en la versión pop de Christian Grey… te mereces una fanfarria (urra urra ra ra ra), porque no hay que tenerle miedo al placer, ni sonrojarse, ya que nacimos del sexo (exceptuando quienes fueron producto de una inseminación artificial, fecundación in vitro, por obra y gracia del espíritu santo, o algo así) porque polvo somos, polvos nos echamos y en polvo nos convertiremos, pero es importante saber que las jaladas de pelo, las esposas de peluche, el salto del ángel o un traje de látex, solo servirán como parafernalia absurda, si no nos tomamos la molestia de aprender lo esencial, que consiste en descifrar y seducir a otro ser humano.

Primero lo primero… Y la vainilla ha vuelto.

“Pasito a pasito, suave suavecito 
Nos vamos pegando, poquito a poquito”

 

Solteras DeBotas

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* BDSM: ‎Bondage – ‎Dominación y sumisión

Fragmento de la canción “Despacito” interpretada por Luis Fonsi


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