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Me había prometido desconectarme y no escribir por algunos días, quería tomarme unas vacaciones de todo, e incluso de las letras, pero la verdad es que las palabras me empezaron a salir  como letreros, porque para mí es inevitable escribir, aunque ya se convirtió en mi oficio, es algo que amo y que nunca voy a mirar como trabajo.

Quise escribir mi último post del año, porque en estos períodos de descanso la mente se relaja y hay una disposición a reflexionar, podemos ver señales que nos llevan al crecimiento personal. Más allá de las vacaciones hay que buscar un bienestar a largo plazo.

Les cuento que cada fin de año hago el ejercicio de limpiar mi closet, saco todo lo que tengo, separo lo que voy a conservar, saco eso que ya no uso y que está en buen estado que puedo donar o canjear con otra amiga. Y por último están las cosas que en definitiva ya no sirven y que es mejor botar, con algo de asombro vi que todavía conservaba bastantes chécheres que estaban ocupando espacio en mi armario, que se habían acumulado y que no tenía ni idea de porque carajos seguían allí y yo no las había sacado antes.

Cuando fui consciente de ello, empezó el revolcón y el proceso de limpieza. Aunque esto me alborotó la alergia e incrementó mi cuota de estornudos matutinos, la verdad es que me sentí más livianita y más libre, fue una especie de terapia cuando empecé a sacar toda esa cantidad de vainas, cuando las volví pedacitos y eché en una bolsa negra de basura.

Así mismo, esto sucede con ciertas emociones y recuerdos que vamos guardando hasta que ocupan bastante espacio en nuestra cabeza y no dan lugar para que entre lo bueno y lo nuevo.

Vainas que pesan, que acumulamos por diversas razones, por tristeza, por rencor, por obsesión, porque no sabemos decir no, o porque nos ayudan a reforzar nuestras creencias limitantes y se van volviendo hábitos, así que las tomamos como propias, dejamos que nos definan hasta que se convierten cargas pesadas que nos acostumbramos a llevar.

No saber soltar solo trae cansancio pues nos empeñamos en luchar contra las circunstancias, en vez de fluir con ellas. Aceptarlas, no es conformismo o resignación, es ver la realidad sin pajazos mentales, a partir de esto podremos tomar mejores decisiones.

La energía que no fluye se estanca. Como todo nuestro ser está conectado ( cuerpo, mente y emociones), las rabias, la desolación, o la frustración se convierten en tensión y enfermedades, al final aquello sin sanar te encuentra, así que por tu propio bien debes enfrentarte a la respectiva situación, sacar el dolor de forma asertiva, hacer las paces, perdonarte y perdonar.

Este ejercicio de limpiar mi closet me recordó la importancia de dejar ir, ritual que es necesario repetir cada cierto tiempo como método de limpieza mental y emocional, porque sin querer queriendo nos aferramos a lo obsoleto, a lo que no fue, a lo que ya se acabó, nos aferramos a la esperanza de lo que ya no va a ser, objetamos al presente y nos castigamos con los ecos del pasado. Nosotras mismas renunciamos a la oportunidad de ser felices y de dar un paso hacia adelante.

Con amor y las botas puestas.

Valeria De La Espriella

Autora del libro: Manual para Solteras DeBotas, disponible en librerías de todo el país.

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