Si las “Disney Princesas” fueran feministas

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Érase una vez, una bloguera de botas mágicas que recibió un regalo muy especial de su amigo Fatalicious, un hermoso libro de cuentos de los hermanos Grimm que ésta devoró como chocolate en víspera del día 28…

La sarcástica damisela se dedicó a leer dicho texto, para profundizar en aquellas historias que hacen parte del imaginario colectivo y que llenaron de cucarachas las cabecitas de millones de niñas de muchas generaciones, razas, países y estratos sociales, hasta el punto de desear convertirse en princesas, sin tener en cuenta que vivimos en otra época donde las mujeres tienen más voz y botas que hace 300 años y que la realidad sentimental es bastante diferente a una quimera…

Unos siglos más tarde las producciones de Disney empeoraron la cosa, le pusieron rostro y dieron vida a estos relatos llenos de personajes extremos, que eran demasiado buenos o demasiado malos. También suavizaron las narraciones originales cambiando algunos detalles que eran bastante terribles y al final conocimos una versión más light y comercial, más al gusto de la soñadora audiencia.

Y aunque debo reconocer que las últimas películas de Disney, como Frozen, Valiente y Maléfica han empezado a mostrar a un tipo de mujer más real e independiente, más heroína que princesa, también debo decir que el daño ya está hecho, para ser más exacta desde 1937 cuando estrenaron la película de Blancanieves.

No es la primera vez que se escribe sobre el tema, ya que hay bastante seda y encajes para cortar, por eso quiero dar mi versión al estilo DeBotas y como buena bruja que soy, me inventé una poción bien traviesa y lancé un hechizo a todas las princesas de cuentos de hadas, transformándolas en féminas independientes y sin pelos en la lengua. No solo hice esto para divertirme un rato e imaginar cómo se comportarían, también quise demostrar que estas historias ayudaron a reforzar en nosotras ciertas conductas que durante muchas décadas hemos creído correctas pero no lo son.

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La poca solidaridad de género

Una detalle que sobresale en los cuentos de hadas es la falta de apoyo entre las mismas chicas, pues la mayoría de villanos son mujeres llenas de amargura, transformadas en arpías que compiten o envidian a otras mujeres ya sea por su belleza, juventud o porque ostentan esa aura de inocencia que dichas brujas no tienen. En lo personal he tenido que trabajar mi prevención hacia las mosquitas muertas (mea culpa). Pero lo cierto es que si no estamos unidas jamás seremos fuertes.

Si estos personajes fueran feministas algunas de las historias simplemente se caerían por su peso, por ejemplo la Reina Malvada no se habría sentido intimidada por la lozanía de Blancanieves, pues aceptaría que cada edad tiene su encanto y hermosura, como lo demostró Susan Sarandon que a sus 69 años lució en los SAG Awards un tremendo y sensual escote.

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La victimización

Para ser una verdadera princesa hay que sufrir a cántaros y dejarse pisotear porque en el fondo debe tener espíritu de mártir, pues luego de tanto padecer llegará la tan anhelada recompensa, o sea el marido y un final feliz. Este formato fue adoptado de manera exitosa en las telenovelas y algunas canciones de los 80’s, ¿Es que acaso no recuerdan a las abnegadas Topacio, Cristal y Esmeralda?

Sin ser psicóloga y solo a punta de sentido común llegaría a sospechar que varias de estas señoritas tenían graves problemas de autoestima, ya que no hay una razón de peso para permitir semejantes abusos. Por ejemplo, si Cenicienta hubiera tenido el suficiente carácter no habría dejado que usurparan la casa de su padre, que legalmente le correspondía a ella y mucho menos aceptado que la pusieran a trabajar de domingo a domingo como a una esclava.

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Renunciar a sí misma por un tipo

En la historia de Hans Christian Andersen posteriormente endulzada por Disney (en el cuento original a ella la mandan para la friend zone). La sirenita vende su melodiosa voz a la bruja del mar, todo para que ésta le dé un par de piernas bien torneadas y sin celulitis, con la esperanza que el príncipe que se parece a Matt Bomer se enamore de ella, contando solo con sus encantos físicos pues la pobre queda muda, sin posibilidad de opinar ni decir ni mu!! Y además de tal sacrificio debe renunciar a su familia, amigos y a todo su entorno marino.

La sirenita en versión feminista, ya le habría dicho las siguientes palabras al susodicho: Si me vas a querer, acéptame como soy con mi cola de pescado. Ah y también es importante que negociemos varios temas en la relación, ya que para mi es sustancial tener mi espacio o más bien muuucha agua, te aclaro que no pienso dejar la vida que tengo en el océano y mis aventuras acuáticas, porque me fascina cantar y bucear con mis amigas… sino te gusta, chao, pescao !

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Un príncipe Azul te solucionará la vida

A la pobre doncella se le acabaron los problemas económicos porque se levantó un marrano, perdón a un rey que estaba tapado en plata. Y la Bella Durmiente salió por fin del maleficio-del-sueño-profundo que la tuvo hibernando cual marmota, gracias al rescate del valiente y pervertido héroe con cierto gusto por la somnofilia.

En estas fábulas de fantasía los príncipes azules tienen cabellos abundantes, son expertos en castigar brujas, apagar incendios, matar dragones y sobre todo les encanta reclamar su trofeo más grande que consiste en levantarse a la más bella, inútil y sumisa dama-trofeo de toda la comarca.

Una princesa con el chip de mujer moderna hace rato habría exclamado que no necesita a un tipo millonario porque ella trabaja y para eso fue que estudió. También habría salido de viaje a conocer otros bosques, masacrado al dragón de un hachazo sin ayuda de nadie (O lo habría convertido en su mascota como hizo Daenerys Targaryen) y por último pero no menos importante, no dejaría que un príncipe por muy apetecido que fuera, la besara sin su consentimiento, no sin una primera cita para conocerse y sin haber averiguado sus datos en Facebook o Tinder.

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Conceptos errados del amor y la conquista

Eso que hizo la Bestia con la ingenua Bella, de retenerla en un castillo sin dejarla salir, se llama nada más y nada menos que secuestro.  Si después ella se enamoró de semejante sujeto fue porque le dio el síndrome de Estocolmo. Y aunque se le puede abonar a Bella que no fue superficial y quiso a la Bestia más allá de su físico ya que no le importó lo peludo, la conclusión es que esta clase de relación amorosa no puede catalogarse como sana y normal.

Para nada es romanticismo creer que luego de un baile o de un primer beso, ya son el uno para el otro, o dejarse llevar por espejismos y sin la oportunidad de conocerse de manera profunda, sin apreciar las virtudes reales y aceptar los defectos, esos que acompañan a cada ser humano del planeta.  Otro colmo de los colmos, es enloquecerse por ir a una fiesta en un gran salón a exhibirse como ganado, para que un galán con complejo de niño en dulcería pueda escoger a la que más le guste, ya que solo una será la “afortunada” y tendrá el honor de convertirse en su esposa, o sea que al resto las eliminaran como si estuvieran en un reinado.

Si estas hermosuras de princesas hubieran leído a Simone de Beauvoir y a Betty Friedan, o por lo menos tenido las zapatillas del sentido común sobre la tierra, habrían comprendido que no son vaquitas o premios y que las relaciones se dan entre dos personas libres, en donde ambos tienen el derecho a elegir lo que más les convenga.  Una princesa sensata entendería que primero debe quererse a sí misma, tener una vida y luego sin sometimientos construir una relación de buenos amigos, novios o amantes.

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Y bueno, si a algunos hombres del siglo XXI (No todos) les espantan las mujeres independientes y cuando oyen la palabra feminismo les da alergia, comezón y dolor de cabeza, imagínense el pánico tan terrible que habría sentido un caballero del siglo XIX, si se hubiera encontrado con alguna de estas princesas en versión empoderada. Estoy casi segura que de forma inmediata habrían sido tildadas de neuróticas o complicadas por anhelar un destino diferente y exigir igualdad. Lo cierto es que los finales de los cuentos no serían tal y como los conocemos, lo más probable es que estas chicas políticamente incorrectas, se habrían convertido en brujas, conseguido un amante de orejas puntudas, o de manera insalvable se habrían quedado solteronas.

Y colorín colorado este cuento no se ha acabado…

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Imágenes tomadas de películas de Disney: Blancanieves, La Cenicienta, La Bella y la bestia, La bella durmiente y La sirenita.
Fuentes: Como serían las princesas Disney si fueran feministas de Barbijaputa, Cuentos de los hermanos Grimm de Philip Pulman.

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One Comment

  1. Mary
    February 8, 2016 at 11:20 am

    Me encanta lo que escribes, cada articulo de tu blog siempre me saca una sonrisa o una reflexión! Fiel seguidora de tus letras 🙂

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