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En días pasados salí a comer con Milena, una amiga divertidísima y encantadora que no veía desde abril. Para resumirles su historia, ella estuvo casada, sufrió un montón en su matrimonio y entendió lo apremiante que era recuperarse de aquella relación fallida, por tanto se tomó un sabático sentimental, se cambió el color del cabello, se fue de viaje, buscó un nuevo trabajo, y empezó la reconstrucción de su aporreada autoestima. Le dio tiempo a su corazón para sanar y poco a poco se zafó de las garras del pasado. Ahora tiene una vida tranquila.

Pasaron meses que se convirtieron en años, y ella cada vez más convencida de su soltería pensaba que estaba viviendo su mejor momento. Lleno de aprendizajes y señales reveladoras, no podía estar más contenta, sin embargo, ella percibía que en su oficina la trataban diferente como con cierta lástima como si a través de esas miradas condescendientes le estuvieran diciendo: “Pobrecita te divorciaste, estás sola y nada que consigues novio”, al principio Milena pensó que eran ideas suyas o que se había vuelto paranoica, hasta que un día la invitaron a un “plan de chicas” y en una de las conversaciones, una de las señoras “alfa” que era la propia abeja reina o la mamá de los pollitos le dijo: espero que no te sientas mal porque estamos hablando de nuestros maridos, ya llegará alguien para ti, no te desesperes…

Milena no pudo disimular su cara de molestia y usando la excusa clásica pidió permiso para ir al baño, se fue y nunca más volvió a la mesa, entonces la rabia se le bajó de la cabeza al corazón, le latía a mil, tenía la piedra afuera y por más que inhalaba y exhalaba no podía calmarse. Después la maluquera se le bajó del corazón al estómago y todo su malestar se transformó en un cólico con síntomas de acoso social. Se preguntaba de donde carajos estas señoras habían sacado que ella era una mujer sola y abatida, ya que nunca, y menos en la oficina se había lamentado por no tener pareja, al contrario se creía afortunada por todas sus aventuras como soltera y que luego de procesar su divorcio, vio la situación como una gran oportunidad.

En la mañana, ya con los pensamientos en orden y en aras de no dañar el ambiente laboral, trató de ser amable con todas, a pesar de la situación tan aburridora que se había presentado el día anterior; y cuando le preguntaron por qué se marchó, esta se inventó un problema familiar que la había obligado a salir urgente y que por ello no se había podido despedir.  Un silencio tenso reinó durante varias horas porque todas sabían la verdadera razón por la que se había ido, solo que nadie se atrevió a decir nada, para no seguir alimentando la tirantez.

Casi un mes más tarde en una fiesta temática ochentera que organizaron unos viejos amigos, Milena disfrazada con una falda verde fluorescente y copete Alf, conoce a un tipo y la atracción es mutua e inmediata. Una semana más tarde salen a comer, luego van al cine y algunas veces duermen juntos. Se dan cuenta de las grandes y pequeñas coincidencias, de su amor al sushi, a  las películas de terror y a la música de Bjork, además ambos tienen gatos y sobrevivieron a divorcios malucos.  Pasan algunos meses y sin darse cuenta el amor empieza a cuajar, la cosa fluye divinamente, pues hablan todos los días, se acompañan en los buenos y malos momentos, y así, cuando el prospecto la invita a un asado familiar, sin decirse nada porque todo era muy obvio, los dos se dan cuenta que la relación va por buen camino, ya es algo serio, y se sienten muy bien con ello.

Un viernes por la tarde este adorable hombre recoge a mi amiga en su oficina, se baja del carro y la saluda con apasionado beso, de pura casualidad las arpías también iban saliendo a la calle y se dieron cuenta de la romántica escena, obviamente le hacen saber que la vieron, puesto que se despiden de manera infantil y efusiva, con una forzada alegría.

Luego de un puente festivo de arrunchis, sexo cálido, maratón de series y comida a domicilio, Milena vuelve al trabajo tan puntual, bonita y sonriente como siempre, pero después de un rato revive esa sensación de paranoia cuando varias de sus compañeras la saludan empalagosamente, y en el transcurso de la semana confirma sus sospechas al ser evidente la diferencia en el trato, porque la incluyen en las conversaciones, la invitan a que almuercen juntas y la observan con admiración. Antes ella era la única soltera de la oficina y ahora se volvió una del grupo.

Hasta que una tarde en medio de una peligrosa calma, la señora alfa alardeando de sus dotes culinarios lleva torta de quínoa con chocolate preparada por ella misma, y decide pasar por los puestos de cada una para ofrecerle un pedazo de su gran obra, hasta que se detiene en el escritorio de Milena y la felicita porque ya tiene novio (como si fuera un triunfo) le dice que está muy contenta por ella, que es un alivio saber que ya no la va a dejar el tren, que es muy lindo eso de enamorarse, que le cambió la cara, que parece otra, que está más bonita,  y para rematar le pregunta sobre la profesión de su novio, con tono malicioso le dice que parece un buen partido, alto, guapo y que además se bajó de un “carrazo”, que no vaya a ser pendeja, que no lo deje escapar.

Y en medio de tan indignante interrogatorio, a Milena se le erizaron los pelos y se le salió la piedra que durante varios meses estuvo aguantando, quiso ser paciente, quiso hacerse la sorda ante los constantes y desatinados comentarios, quiso ser compresiva con estas señoras que ni siquiera eran tan mayores como para tener semejante pensamiento retrograda salido del medioevo, pero NO PUDO MÁS y subió la voz, para que la cacatúa mayor la escuchara y como una advertencia a las demás que estaban alrededor parando oreja. Le dijo y les dijo: que no podía creer que en pleno siglo XXI, las mismas mujeres fueran tan crueles y siguieran perpetuando aquellos estereotipos, como si una fémina valiera más por tener un hombre a un lado, que ahora la trataban como si hubiera subido de estrato…

La señora abeja reina, intentando calmarla le decía: pero querida no te pongas así que yo solo estoy feliz por ti. Y Milena le contestó: No, usted no está feliz por mí, usted es una vieja chismosa y es de las que cree que una mujer no puede ser feliz sin un tipo ¿Y sabe qué? yo si aprendí a ser feliz, y mis tres años de soltería no significan que yo deba darle pesar, o que tengo algún problema y que por eso nadie me había escogido. Mi soltería significa que yo me amo tanto que fui capaz de levantarme de las cenizas, que me valoro más que antes, que disfruto de mí propia compañía y sobre todo que aprendí que la felicidad es un estado que va más allá de tener pareja.

Y sí, ahora salgo con alguien, pero sigo y seguiré siendo la misma.

¡Soltera, no desesperada!

Nota: Milena se quitó varios pesos de encima y nuevamente está buscando trabajo.


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Imágenes de la película “Breakfast at Tiffany's”

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