“Tan linda la gordita…”

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“Es que tenés una cara preciosa, por lo general las gorditas la tienen”. Es lo que muchas veces me dijeron desde que estaba empezando los años algo “yo ni sé lo que quiero” de la adolescencia, sé que muchas de esas personas con cariño, no lo dudo. Poco a poco se empezó a dar una dicotomía, tienes una cara bonita, pero… es cuando aparecen los kilitos de más, el famoso sobrepeso que me hizo acreedora al estatus de “gordita”. ¿Podía esta bien con esa dualidad? En mi mente de colegiala y luego universitaria, consciente e inconscientemente estuvo la pregunta ¿Puedo gustar, ser atractiva con una cara bonita y los kilos de más?

Creo que estos pensamientos y sentimientos, alimentaron en parte mis miedos e inseguridades. Empezaron a hacer parte del “equipaje”, de la manera en que me trataba a mi misma y me relacionaba con los demás. De una parte, estaba el estándar de belleza que te mostraban los medios de comunicación, las películas y las series de moda (no diré cuales, correría el riesgo de que me empezaran a calcular la edad), con cuerpos esbeltos en bikinis, “las rubias, pelirrojas y morenas” exuberantes y la idea de la “chica popular” querida y deseada por todos. La cuestión es que me sentía en el grupo opuesto, en el de los “Nerds” y sabemos lo que eso significaba en la dinámica de la comedia de teenagers gringa.

Por suerte creces y ya eres una mujer adulta y trabajadora, independiente, empoderada, con capacidades y logros… aunque, muchos de esos pensamientos sobre ti misma siguen haciendo parte de la historia, llevando a patrones de conducta que continúan activando mecanismos de respuesta en tu mente y la manera como actúas o respondes ante las situaciones. La cuestión de sobrepeso y obesidad sigue haciendo parte de la ecuación, un sinnúmero de dietas, membresías en gimnasio, que muchas veces quedan en el “de vez en cuando”, el vestido de baño y jean divino que no te quedan e incluso la respuesta de la vendedora de la tienda “acá no vendemos ropa para usted” ¿Cómo? ¡Soy extraterrestre y no lo había notado!

Ya se convierte también en cuestión de salud, se hace necesario bajar de peso. Luego de mucho intentar, la cirugía bariátrica se convirtió en la mejor alternativa en mi caso, una decisión de vida, de la cual no me arrepiento y que representó un proceso de aprender a relacionarme de forma distinta con la comida, para disfrutarla. Logré una pérdida de peso muy significativa, muchas cosas cambiaron y recibí muy feliz la oportunidad de nuevas cosas, como la ropa o la posibilidad de sentirme más liviana, pero entendí que no se trataba de un punto de llegada, era algo continuo, de todos los días, que implicaba esfuerzo y compromiso para mantenerme estable. Sin embargo, no se trataba solo del peso, de la cifra en la balanza. Las cosas eran mas que eso, porque soy un todo, cuerpo, mente, espíritu, alma y corazón. Todo conectado e integrado, como un tejido vital.

Así, esta aventura de aceptarme a mí misma, no ha sido fácil, y ha valido la pena en cada instante. Ha sido el reto de aprender a conocer-me, a valorar-me, respetar-me, cuidar-me, reconocer-me, a ser amorosa, cariñosa y compasiva conmigo misma. Este ha sido todo un proceso, duro, difícil y doloroso en ocasiones, pero satisfactorio y de gran alegría con cada avance. También, he logrado vivir experiencias maravillosas conmigo misma y con personas significativas, vivencias que me han enseñado el valor de la autoconfianza y dar el chane a las oportunidades.

Aún sigo, día tras día, es parte del camino, siendo consciente de que hay unos días mejores que otros. De que las cosas pueden hacerse por convicción, tomando opciones y decisiones, mas que porque tengan que hacerse. Es la diferencia entre dieta y transformar tus hábitos de alimentación de manera consciente, lo cual puede aplicar a muchas otras cosas más.

Soy de una generación diferente a la del “Loving for bullying”, tan de moda en este momento, y si bien durante mucho tiempo sentí lo segundo, creo que es necesario transcender a una actitud activa y constructiva para con uno mismo, de responsabilidad y compromiso para mi propio bienestar independiente de las circunstancias y personas al rededor. La relación con mi cuerpo, es una experiencia propia, diferente a la de cualquier otra persona, para mí ha sido de esta forma, pero también creo que muchos han tenido preguntas, vivencias, situaciones algo parecidas a su manera.

En este sentido, creo que, haciendo caso al consejo sabio de las personas que te apoyan, a la experiencia y a tu voz interior, puede darse el chance de reconocer mi propio cuerpo como el medio para ser, para aprender, para vivir experiencias y disfrutar. Muchas veces el obstáculo lo ponemos nosotros mismos. Es posible llamar la atención, ser querida y deseada por el otro. Sin embargo, es en mi interior donde encuentro las respuestas, la fuerza, la sabiduría y la aceptación de mis inseguridades, mi propia validación y aprobación que son las importantes.

¿Y si me doy el chance de aceptarme y quererme? con mis gorditos, pancita y estrías, con mis canitas, así mi mejor amiga sea la henna cada 20 días, con mis venitas en las piernas, con mis caderas algo más grandes para el gusto de algunos. He aprendido a gustar de mi mirada, mi sonrisa, mi cabello y este cuerpo que es regalo y medio para disfrutar y vivir, aceptando miedos e inseguridades, pero también la oportunidad de hacer las cosas distintas, construyendo confianza desde el amor y la gratitud conmigo misma, día a día.

Ave Fénix 20

“Quienes me conocen sabrán quien soy, para los demás, me titulé como sanadora y cuidadora, y la vida me ha dado la oportunidad de trabajar en una de mis pasiones que es enseñar, acompañar a otros mientras aprenden, sin embargo quien más aprende creo que soy yo”.

Esta ave que resurgió de las ceniza, participó en nuestros talleres de escritura terapéutica.

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One Comment

  1. Marta Elena
    Marta ElenaReply
    August 2, 2022 at 2:50 am

    Siempre hay que escribir para soltarse, para tratar de explicarse a su mismo, lo que por años te ronda en la cabeza. Uno no escribe para los demás, escribe para sí mismo, como necesidad de expresión y es valiente el hacerlo, en donde encuentras muchas respuestas, tratando de explicar “al otro”, lo que has pasado. ¡Felicitaciones!

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