Tinderella sin remordimientos

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Tinderella

Bloguera Invitada: Karina Pérez Ampudia


¡Yo usé Tinder durante seis meses, me gustó y no me arrepiento! Claro, estaba en un lugar (Riviera Maya) donde hombres de todo el mundo abundan: argentinos, alemanes, franceses, australianos, americanos, suizos, suecos, italianos, canadienses, de todas las nacionalidades habidas pues… El más exótico que conocí fue un marroquí con quien eventualmente aún intercambio mensajes. Yo en México, él en Marruecos.

Podría escribir una historia de cada uno, ¡uf! Con todos reí, me divertí –aun cuando no hablábamos el mismo idioma­–; algunos dejaron la invitación abierta a que los visitara pronto en sus países o que sin duda regresarían porque mi país y las mexicanas les encantamos. Imperó la caballerosidad una noche, un par de días e incluso semanas, no puedo quejarme y confieso que inevitablemente a un par le tomé cariño, tanto que a la hora de despedirnos sentí desde nudos en la garganta hasta gratitud infinita por lo bien que la pasamos.

Cuando iba a la cita o date –como suelan llamarle–, obvio que acudía emocionada, nerviosa, guapa y con toda la actitud de una Soltera DeBotas (solo que en el caribe mexicano no aplican las botas, verdad). Si con el ‘tinderello’ había más que un simple ‘match’, ¡perfecto! Sino, no pasaba nada, unos tragos, buena plática y… Fue un placer conocerte.

Mi producción era fácil, rápida y sencilla: vestido vaporoso, sandalias, un poco de rímel, gloss,  cabello bajo control, ¡listo!

Pero la verdadera clave de estos encuentros, que poco a poco descubrí, radicó en ir sin expectativas; que sucediera lo que fuera, todo era con plena consciencia de que aquello era temporal y nada a la fuerza, además de responsabilidad –me refiero a los encuentros sexuales–. Así disfrutaba el momento, la noche o los días, ¿y qué creen? ¡Funciona ir sin esperar e incluso tienes sorpresas!

¿A qué me refiero con “sorpresas”? Fui consciente, sabía que a algunos chicos no volvería a verlos. Sin embargo, cuando alguno quería que pasáramos más tiempo juntos, tampoco me negué. Eso sí, aclaraba que yo tenía una vida normal, trabajo, mi linda casita de cuento y eso no podía descuidarlo. Entonces se adaptaban y al final ellos disfrutaban sus vacaciones, la playa y el hermoso mar mientras yo continuaba mis actividades.

tinderella_Fotor

Así, conocí a Benny. Italiano, chef, bromista, consentidor y generoso. Nuestra primera cita fue en mi café favorito. Entre inglés, italiano y español charlamos, cerraron el lugar y continuamos conversando en el muelle viendo cómo aparecía una luna roja fantástica, estrellas, ¡ay sí, todo romántico! Pasada la media noche, yo bostezaba y decidí que era hora de ir a casa pues él no tenía sueño; hablaba de dormir en la playa, que el amanecer es fantástico, que la naturaleza era un privilegio, etcétera (y no lo dudé, pero pensé “¡Qué le pasa, está loco si cree que me quedaré aquí!”). Notó mi desesperación y pues nada, dormimos no una noche sino una semana por supuesto en un sitio cómodo.

Siempre me procuró, yo salía del trabajo y quedábamos en algún punto para ir a cenar, caminar, platicar. Cuando no tenía apetito, él decía “ok, pero necesitas desayunar mañana” o si sólo quería café, íbamos por la bebida, nos dirigíamos a su hotel, veíamos la televisión o sosteníamos discusiones sobre el cilantro, que si era especia, hierba o arruinaba el sabor de la comida. En alguna de esas pláticas me emocioné hablándole de la escritora italiana Irene Cao, de sus novelas, le preguntaba que si en Italia es conocida porque es articulista, antropóloga, guapísima o le conté de la película de Asia Argento que había visto hace poco; repasé mis lecciones universitarias de italiano e incluso mencioné a mi maestra Giovanna que era de la Toscana; cantamos Nel blu dipinto di blu y me salió lo ‘fan from hell’ de Gianna Nannini, una cantante famosa en su país. De pronto preguntó: “Baby, did you study the university?”

Comencé a reír como loca, no me ofendió la pregunta solo me desconcertó. Respondí que sí y él estaba sorprendido. Quiso saber por qué había dejado mi vida en la Ciudad de México (esa es otra historia, nada fatal… Simplemente quería probar), tuvimos varios días para saber uno del otro, de su isla, Sicilia; nuestras familias, su paso por cocinas de Egipto y Suiza, incluso habló de buscar trabajo en la Riviera, pero creo que en el restaurante de Nueva York le irá mejor hasta que aprenda más –y se lo dije–.

Otro día, notó mi estrés por un artículo que debía redactar. Sin ningún berrinche tomó su iPad, cada uno en lo suyo escuchamos mi playlist de música italiana y la inspiración me llegó mágicamente.

Y aún con todo esto, ¿cómo que no me enamoré? No. Sin duda, tenía presente que Benny se iría. Pude decirle “sí, deja Estados Unidos y regresa a México o huyamos a Sicilia”, nunca fue mi intención. Estamos en contacto, la vida para ambos continua.

Lejos de las lágrimas, promesas, de un adiós dramático o de aferrarme a su cuello y besarle el rostro como en escena de telenovela, al despedirnos nos agradecimos la compañía y el compartir tiempo, dejamos abierta la posibilidad de encontrarnos algún día, quien sabe en dónde, quizá suceda quizá no.

En otro momento o historia tal vez me hubiera sentido devastada y como la muñeca fea en un rincón echando montones de lágrimas.

Elegí estar con Benny, quererlo o aventurarme por un breve periodo sin remordimientos, pena, juicio, confusión ni trastornos mentales que me impidieran vivir. Usé Tinder, sí esa aplicación satanizada, casi casi estigmatizada por muchos y como decimos en México: “cada quien habla como le va en la feria”, puedo decir que no con todos los chicos se tiene sexo ni tampoco quieren. Además ya estamos lo bastante grandecitas para decidir hasta dónde llegar.

Es decir, si te fue mal, bien o medio bien con un usuario de esta red, no es responsabilidad de nadie. Es mejor asumir y aceptar que no hubo química y un match no es garantía de nada. He conocidos a chicas –muy cercanas– que a través de esta opción tecnológica y social realmente han encontrado o ha surgido una relación duradera que va para largo o definitivamente no se dio.

Karina Pérez Ampudia

Karina fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada, y la puedes seguir en @karinaampudia


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Imágenes: del video “Tinderella a modern fairy tale”

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2 Comments

  1. Lucya
    LucyaReply
    July 18, 2016 at 3:49 pm

    jajajja yo también estuve en tinder. Conoci un chico maravilloso que me encanto. Desde el primer momento mostró su interes en tener relaciones sexuales sin el mayor esfuerzo. Yo estaba dispuesta a estar con el, pero quería que hiciera méritos para conseguir el anhelado encuentro. Nos vimos solo dos veces y en la segunda oportunidad tuvimos el placer de besarnos y acariciarnos de una forma y muy erototica y atrevida……. Hasta ahí llego todo, nunca supe que sucedió….. hablamos un par de veces y el hombre desapareció… Aun siento el sabor de sus labios y sus atrevidas caricias…. Es mejor ne generar falsas expectativas y solo vivir el momento…… Pero aquí entre nos….. si me gustaría terminar aquello que dejamos inconcluso jajajjaj……….. Que crees que pudo haber pasado mi soltera de botas?????

  2. Andrea Gonzalez
    October 6, 2016 at 12:39 am

    Sin duda volveria a usar Tinder….he tenido doa relaciones fantasticas. Una con alguien muy genial, tam genial que sabes que esperar de el…. asi libre…sin ataduras. La otra relacion, solo encuentros sexuales…. pero de los mejores, asi descrubri que a veces se establecen relaciones de cama solo para eso… porque fuera de ella no es nada.

    Tambien soy una tinderella.

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