Y vivieron felices: la mentira más grande

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No entiendo en que momento entré a participar en la competencia de la mujer más hermosa del reino y erróneamente creí que mi belleza y el haberme casado con un príncipe eran garantía de felicidad.  Muchos años después me miro en el famoso espejo que fuera de mi difunta y arpía madrastra, para darme cuenta que mi angelical rostro no me va durar toda la vida y que hubiera preferido ganarme el premio de la más inteligente.

Aunque mi existencia no ha sido mala, pues he tenido muchas satisfacciones, quería contarles la verdadera historia detrás de aquel glamoroso final feliz, en donde la gente siguió creyendo que mis momentos se quedaron enmarcados y congelados en una utopía.

Como todos saben me casé con el príncipe encantador que después de algún tiempo dejó de serlo. Al comienzo tirábamos como conejos pero la monotonía fue llegando y un día el deseo acabó y me convertí en parte del paisaje. Ahora que lo pienso me arrepiento de no haber salido con más tipos antes de casarme con el primero que me endulzó el oído.

Tengo cuatro hermosos hijos que representan mi razón de ser y la razón de peso para aguantarme al pelmazo de mi marido y no salir corriendo de la casa.  Sus caritas  sonrientes cada vez que dicen: mamá, compensan las estrías y celulitis que aparecieron con cada embarazo.

Vida-secreta-Blancanieves

Hubiera estudiado una carrera, no debí conformarme con ser princesa y ser linda. Antes de mi primer bebé, hubo una época en la que surgió el arrebato de convertirme en cantante profesional y era feliz entonando altísimas notas con mi aguda voz de soprano, sin embargo mis constantes ensayos fueron fastidiando a los vecinos que se quejaban de fuertes dolores de cabeza, entonces desistí en mi empeño musical.

Luego pasé por una etapa de ama de casa desesperada, quería ser el centro de atención y para no estar sola invitaba a todos los animales del bosque a ostentosos festejos y suculentos banquetes, pero al final me aburrí de estar limpiando la mierda que dejaban por todas partes.

Hace algunos meses empezó la crisis económica y perdimos el castillo, cuando nos mudamos a una modesta cabaña a las afueras de la comarca, los problemas de bebida del príncipe se agudizaron y mi frustración también.

A propósito llevo mucho rato sin comunicarme con los 7 enanos, supe que dejaron la minería y ahora son multimillonarios, actualmente trabajan en tecnología y durante muchos años asesoraron a un tal señor Jobs, hasta le sugirieron como logo para su empresa la fruta que por obvias razones detesto.

No me interesa hacerme la víctima, más que una queja esto es un desahogo. Tampoco quiero escudar mi infidelidad echándole la culpa a la frágil situación matrimonial que atravieso;  las vainas se dieron y un día me cansé de fingir orgasmos, decidí ponerle los cuernos al susodicho con ese cazador sexy de cabellos largos porque anhelaba disfrutar otro cuerpo y sentirme bella.

Definitivamente mi historia no es para nada una crónica rosa llena de hadas o unicornios pero tampoco una novela de terror, sencillamente es el resultado de mis propias decisiones y aunque no me arrepiento de nada, si reniego de las cosas que pude haber hecho y no hice, como por ejemplo tomar las riendas de mi destino. En resumidas cuentas la vida de una princesa no es lo que parece y sería bueno anunciarle al resto del mundo como es la realidad para que no coman cuento.

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Imágenes: Princess Fallen – Dina Goldstein, Snow white – Grégoire Guillemin

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